La crisis climática, la captura y el almacenamiento de carbono

La crisis climática ya está aquí manifestándose en un sinfín de cataclismos. Terremotos, maremotos, ciclones, megaincendios, el deshielo de los polos, sequías. No cabe duda respecto al culpable: somos nosotros, los humanos, que estamos calentando el planeta causando así fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo. 

Si no tomamos acciones drásticas en poco más de una década el proceso se tornará irreversible. No podemos permitir que las temperaturas suban más que 1,5 °C. Nos arriesgamos, por ejemplo, a que los glaciares polares se derritan en forma desmesurada liberando inmensos volúmenes de metano, un gas de invernadero, que está almacenado bajo el hielo hace millones de años.

Para evitar el calentamiento tenemos que reducir la emisión de gases de invernadero. El mundo ha puesto en la mira al dióxido de carbono- CO2, uno de los gases más frecuentes. La humanidad emite por año 40 mil millones de toneladas. La solución ideal es la reducción de emisiones reemplazando combustibles fósiles por energía solar y eólica y reduciendo en forma absoluta el consumo de energía.

La mayoría de los gobiernos tratan de implementar esta política aplicando impuestos a los combustibles fósiles: petróleo, carbón y gas. Pero encarecer los combustibles tradicionales no asegura la reducción del consumo. ¿Cuántos de nosotros renuncia a conducir su vehículo porque el precio de la gasolina sube? ¿Cuanto tiempo se requerirá hasta que toda la energía se obtenga de fuentes renovables? ¿100% de energía “limpia” es una meta viable?

La captura y el almacenamiento de carbono

La reducción de las emisiones debe ser prioritaria, pero la captura y el almacenamiento de CO2 puede también ser un aliado por lo menos a corto y mediano plazo. El método más obvio de secuestrar el carbono del aire y almacenarlo en forma sólida es plantar árboles. El CO2 del aire se transforma en sólido; madera, hojas, flores y frutos. No se trata, sin embargo,  de un secuestro eterno de carbono; si quemamos la madera o el árbol muere y se descompone en forma natural el carbono regresa al ciclo y se forma nuevamente dióxido de carbono.

¿Cuántos árboles es necesario plantar para retardar en forma efectiva el calentamiento global? Se estima que la cifra es un billón, un millón de millones de árboles (1 trillion en inglés). La posibilidad de acercarse a esta cifra en las próximas decadas parece muy baja aunque hay intentos loables: hace seis años en el norte de la India 800 mil voluntarios plantaron 50 millones de árboles en 24 horas, La compañía BioCarbon Engineering construyó una flota de drones capaces de sembrar 100.000 árboles en un día. La Trillion Tree Campaign de la ONU apunta hacia este objetivo y ya ha plantado más de 17.000 millones de árboles. Todavía una cantidad ínfima comparada con la meta final que debe alcanzarse en corto plazo, un millón de millones.

Plantar indescriminadamente tiene sus bemoles: si nos concentramos en una o pocas especies podemos afectar gravemente la diversidad biológica. Lo ideal es reforestar bosques y selvas dañados. ¿Quién dice que después de un incendio en la selva amazónica hay que permitir el cultivo de soja o la cría de ganado? Por el contrario, si el incendio fue intencional hay que encontrar a los culpables y obligarlos a recuperar la selva perdida. Muchas veces las semillas sobreviven al fuego y dadas las condiciones necesarias las especies vegetales originales volverán a crecer.

Hay varias compañías en el mundo que llevan adelante proyectos de recuperación de bosques. Una es Pachama que trabaja principalmente en el continente americano. En su sitio podemos ver varios ejemplos: la franja Manoa en el norte de Brasil, el proyecto Jaguar Amazon REDD que protege la región de Madre de Dios amenazada por la construcción de una carretera transoceánica, el proyecto Kootznoowoo en Alaska, una zona regenteada por una compañía maderera de nativos americanos. 42 proyectos, dos millones de hectáreas protejidas. Si tenemos en cuenta que una hectárea almacena en promedio unos 130 toneladas de carbono por hectárea se trata de unos 290 millones de toneladas. Poquísimo comparado con las 40 mil millones de toneladas que la humanidad emite cada año.

El problema más grave es el costo de estas actividades. ¿Quién está dispuesto a costear la reforestación? El coste del secuestro de CO2 se estima entre los 80 y los 200 euros por tonelada. Los impuestos a la emisión de carbono no pasan de los 50 euros por tonelada. Los números no cierran.

Más allá de los costos agrícolas hay que considerar el costo del monitoreo. Trabajadores que cuentan los árboles, los miden, pesan el follaje. Todo importa en la contabilidad del carbono. A cambio la empresa que invierte recibirá créditos que le permitirá por ejemplo pagar menos impuestos por sus emisiones.Es muy bueno para apoyar a las comunidades locales pero muy problemático para llegar a cantidades significativas de carbono almacenado. Amazon puede darse el lujo de costearse un bosque. Más allá de sus créditos promociona su imagen. Pero no hay muchos como ellos.

¿Cómo podemos contribuir al esfuerzo común?

En principio nosotros somos por ahora parte del problema. Un conductor común emite cerca de 5 toneladas de carbono por año. Seamos parte de la solución renunciando a nuestros vehículos para comenzar a andar a pie, montar en bicicleta. O usar transporte público que contamina menos.

Otra opción es plantar árboles o más precisamente un bosque. Un bosque es mucho más que una colección de árboles; es un ecosistema complejo, donde los árboles se insertan en una red viviente que incluye bacterias, hongos, insectos, otras plantas y animales. Árboles mueren, bosques no. A menos que les prendan fuego.

Para compensar nuestras emisiones como conductor de un vehículo es necesario un bosque de una hectárea por lo menos. Conviene utilizar varias especies autóctonas para aumentar la diversidad. Esa diversidad les permite captar mucho más carbono que un monocultivo.

Se recomienda escoger árboles que captan mucho carbono como algarroba, acacia, espinillo (palo verde), eucalipto. El árbol de moringa puede captar hasta 50 veces más CO2 que el cedro japonés.

Si logramos formar un grupo o movilizar a una empresa o una comunidad y apostamos por un bosque mayor podemos recibir asesoramiento de la campaña de “trillion tree” (www.trilliontreecampaign.org). Ese apoyo nos permitirá monitorear y acreditar al bosque como sumidero de carbono, ofrecer créditos de carbono y así recuperar gran parte de la inversión.

Si la realización de esta idea está más allá de nuestras posibilidades podemos simplemente voluntarizarnos en organismos sin fines de lucro. Plantar, monitorear, proteger árboles de incendios mientras paseamos y disfrutamos de la naturaleza. De esa manera se abaratan los costos tornando estos proyectos viables. No nos queda mucho tiempo. Poco más que una década.   

Publicado por elibudman

Ingeniero de alimentos y novelista. Nací en Argentina, vivo en Israel. Soy director de innovación tecnológica en una compañía de alimentos. Me gradué en Medicina Tradicional China. Traduje al español dos libros de yoga de Eyal Shifroni: "Una silla para yoga" y el primer volumen de "Props para yoga". A principios de mayo publicaré una novela de ficción en Amazon "Sentirse en casa- una odisea inevitable".

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