La microbiota, evolución, pre y probióticos, colonización

Dicen que la mejor comida es la comida de mamá. ¿Pero, cómo es posible, siendo los alimentos que llegan a la mesa de cada uno de nosotros tan dispares? Probablemente se lo debemos a la composición peculiar de nuestro microbiota intestinal, un universo que existe en nuestro interior.

La microbiota o flora intestinal es el conjunto de los microorganismos que se encuentran en nuestro tracto gastrointestinal. Gran parte de nuestro organismo está compuesto de bacterias; según los últimos cálculos por cada célula humana tenemos un microbio. Puede decirse que el cuerpo humano es una comunidad donde conviven, la mayoría del tiempo en forma ármonica, células humanas y microbianas.

¿Cómo llegan esos “bichitos” a nuestro interior? Principalmente a través de las madres, desde el vientre hasta los primeros meses de contacto íntimo con sus bebés. Muchos factores influenciarán la composición de estos huéspedes a lo largo de nuestras vidas.

Durante la niñez los más importantes son la alimentación, enfermedades infantiles, tratamiento con antibióticos, el entorno humano y animal. Al adolescente se suman los cambios fisiológicos y hormonales. En el adulto, de acuerdo a su dieta, higiene personal y relación física con otras personas la microbiota se torna más diversa, pero a su vez más difícil de modificar.

Esta miríada de bacterias que nos habitan se agrupa en varios clanes o filos. Los preponderantes son los Bacteroidetes, Firmicutes, Actinobacteria y Proteobacteria. La preponderancia de un filo sobre otro determinará en gran medida el estado de nuestra salud.

Más allá de su influencia sobre nuestro estado físico actual la microbiota afecta nuestro sistema inmune, las funciones de nuestro cerebro y nuestro genoma asumiendo así un papel esencial en cómo somos.

A lo largo de la historia la flora intestinal humana debió adaptarse a los alimentos accesibles en su hábitat. Cuando los hombres eran cazadores y recolectores el factor predominante era la composición de la dieta. En sociedades que vivían de plantas fibrosas los Bacteroidetes se adaptaron para mejorar la digestibilidad de las fibras, en Japón la población tiene en su intestino Bacteroides plebeius, que le permite digerir bien las algas. La revolución agraria, hace unos diez mil años implicó un desafío para el microbiota que debió acostumbrarse a los cereales y legumbres.

Por el contrario, después de la revolución industrial, los seres humanos han estado cada vez más expuestos a factores de selección “dura”, los contaminantes. Estos agentes, como metales pesados, desinfectantes, biocidas y antibióticos, actúan directamente, matando o debilitando gravemente muchas células, al tiempo que seleccionan positivamente aquellas células raras que portan determinantes de resistencia.

Hay una diferencia importante entre la dinámica de los microbiomas humanos ancestrales y la de los humanos que viven en el mundo desarrollado. En el mundo antiguo los humanos estaban restringidos a un área geográfica relativamente pequeña. En el mundo moderno donde el movimiento de seres humanos, plantas y animales es muy grande un individuo tiene el potencial de estar expuesto a la microbiota de cualquier parte del mundo. Así, por ejemplo, las enterobacterias resistentes a los antibióticos se propagaron rápidamente a través de viajes internacionales.

La mayoría de nuestros huéspedes son beneficiosos, pero entre ellos hay organismos potencialmente patógenos. Cuando se produce un desequilibrio, por ejemplo, por uso excesivo de antibióticos, se quiebra la armonía y los patógenos pueden proliferar. Si el cuerpo no logra por sí solo restablecer el equilibrio debemos recurrir a estrategias que modulen la flora intestinal:

  • Aumentar la cantidad de bacterias beneficiosas con prebióticos, suplementos de microorganismos vivos como los Lactobacillus acidophilus y bifidus, que ayudan a combatir a los patógenos;
  • Suministrar prebióticos, fibras que llegan intactas al intestino grueso donde sirven de nutrientes a las bacterias beneficiosas;
  • Cambiar en forma radical la dieta para estimular el crecimiento de la flora sana.

El colon y la colonización

El último recurso para restablecer la armonía en un intestino grueso o colon descalabrado es la colonización. Consiste en trasplantar a un enfermo la flora intestinal de un donante sano. El donante será generalmente una persona cercana y con preferencia su pareja. ¿Porqué? Después de años de convivencia el microbiota de los convivientes se mezcla. El cónyuge sano atesora el patrimonio común. Su donación permitirá restituir al necesitado su microbiota original.

Aunque no siempre somos conscientes tenemos con nuestro entorno y nuestros seres queridos vínculos más tangibles de lo que pensamos.

Publicado por elibudman

Ingeniero de alimentos y novelista. Nací en Argentina, vivo en Israel. Soy director de innovación tecnológica en una compañía de alimentos. Me gradué en Medicina Tradicional China. Traduje al español dos libros de yoga de Eyal Shifroni: "Una silla para yoga" y el primer volumen de "Props para yoga". A principios de mayo publicaré una novela de ficción en Amazon "Sentirse en casa- una odisea inevitable".

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