El cerebro, la memoria, el rey de las posturas y una profesora de cutis terso

De pronto enmudecemos. Se nos olvida una palabra, un nombre, una cifra. Yo sabía de memoria toda la información, me confiesa un compañero de trabajo. Hoy día no recuerdo nada, me dice, abatido.

Podemos echarle la culpa a la edad, a las células del cerebro que están condenadas a morir, al estrés que nos ataca en nuestro talón de Aquiles. Como si un enemigo invisible se hubiera infiltrado en nuestra casa haciendo estragos. Es que nuestro yo se alberga allí y si se desmorona ¿qué queda de nosotros?

Sin memoria la realidad pierde color

Presumiendo que la práctica de yoga puede ayudar a proteger nuestro cerebro busqué una base científica. Encontré un artículo que resume varias investigaciones. Cita al Yoga Sutra de Patanjali que describe a la memoria, Smriti, como “un objeto que hemos experimentado y que no se pierde de nuestra consciencia”. ¿Cómo evitar perder ese objeto?

Las posturas invertidas parecen ser la opción preferida incrementando el flujo de la sangre al cerebro. Como explica B.K.S. Iyengar en su libro Luz sobre el yoga los libros antiguos consideran a Sirsasana, parado cabeza abajo, el rey de las posturas. Personas afectadas por la pérdida de memoria se recuperarán con una práctica regular de este asana.

Hay posturas más fáciles que son igualmente beneficiosas: Prasarita Padottanasana, inclinado hacia adelante con las piernas abiertas, Parsva Balasana, enhebrando la aguja y Ananda Balasana, la postura del niño. El artículo recomienda combinar la práctica de asanas con técnicas de respiración, concentración y meditación.

Pero, no todos pueden ser yoguis.

¿Qué nos ofrece la ciencia?

Durante años la industria farmacéutica trató de desarrollar un medicamento para combatir la pérdida de la memoria. Todos los esfuerzos se estrellaron contra una muralla aparentemente infranqueable. Tal muralla existe en la realidad y se llama BHE (la barrera hematoencefálica de permeabilidad selectiva) que permite el paso de nutrientes esenciales para el cerebro, pero bloquea la entrada de sustancias potencialmente nocivas. Por añadidura, los científicos no se han puesto de acuerdo respecto a los mecanismos que ocasionan el deterioro de la memoria lo que dificulta la búsqueda del fármaco apropiado.

La profesora Ruth Gabizon del hospital Hadassa en Jerusalén está al frente de un laboratorio que investiga las causas de las enfermedades neurodegenerativas. Se centran en el estudio de un tipo de deterioro del cerebro muy devastador que tiene generalmente origen genético, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Nunca se planteó seriamente encontrar un remedio para la enfermedad.

Hace unos años se compró una crema facial que contenía aceite de semillas de granada. Al cabo de un par de semanas comenzó a recibir cumplidos por la tersura de su rostro. Profundizando en la composición de la crema comprendió que el ácido graso punícico, el principal componente del aceite de granada, es un potente antioxidante que puede evitar el deterioro de tejidos adiposos. Más aún, en determinadas condiciones puede atravesar la barrera BHE y proteger a la mielina, una capa aislante rica en grasas que se forma alrededor de los nervios.

Una de las teorías de pérdida de la memoria postula que las células cerebrales se dañan cuando se ven expuestas a compuestos oxidativos.  Estos compuestos se crean en el cuerpo en gran cantidad cuando está sometido a condiciones de estrés continuo. Por lo tanto, un antioxidante puede atenuar los efectos destructivos y proteger las funciones cognitivas.

Solo hay un problema: cuando el aceite de semillas de granada entra al cuerpo el hígado metaboliza inmediatamente sus aceites grasos para proveer de energía a las células impidiéndole penetrar la barrera BHE.

Ruth encontró un aliado en el Prof. Shlomo Magdassi, un químico de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Juntos descubrieron que al mezclar el aceite con ciertos aditivos alimenticios este se dispersará en gotitas del tamaño de 0.2 micrones al entrar en contacto con los líquidos del cuerpo. El hígado no reconoce al aceite por su ínfimo tamaño, no lo hidroliza y por lo tanto las pequeñas gotas tienen tiempo para circular por el flujo sanguíneo y atravesar la barrera BHE.

Aparentemente funciona. Los consumidores de este aceite aseguran sentirse mejor, más enfocados, menos olvidadizos. Sin embargo, es muy difícil demostrar la efectividad de un producto con efectos preventivos. ¿Cómo se sentirían los consumidores sin el producto?

La profesora de cutis terso sigue investigando, descubriendo nuevos mecanismos que puedan explicar la efectividad del aceite, desarrollando indicadores de nuestra capacidad de atesorar memorias.

Mi yo, permanente residente de mi cerebro, le agradece a Ruth profundamente.

Publicado por elibudman

Ingeniero de alimentos y novelista. Nací en Argentina, vivo en Israel. Soy director de innovación tecnológica en una compañía de alimentos. Me gradué en Medicina Tradicional China. Traduje al español dos libros de yoga de Eyal Shifroni: "Una silla para yoga" y el primer volumen de "Props para yoga". A principios de mayo publicaré una novela de ficción en Amazon "Sentirse en casa- una odisea inevitable".

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