Encuentros personales con mentores, maestros, gurús

No podemos ir solos por la vida. Más allá de nuestros seres queridos, familiares, amigos necesitamos a veces un guía, una mano protectora, una fuente de conocimiento. Una persona que, aunque no está ligada a nosotros por vínculos afectivos nos ayuda en nuestro itinerario.  Esos son los mentores, maestros y gurús.

Mentores

Tuve la suerte de encontrar un mentor cuando comencé mi carrera profesional. Fue mi primer jefe y estuvo presente en varias encrucijadas importantes donde su ayuda fue inestimable. El Dr. Mijael Shemer era conocido en la industria de alimentación como “Míster innovación”. Inventó una línea de sustitutos de la carne en una época en que el vegetarianismo era un bicho raro y su marca, Tivall, dio la vuelta al mundo. Era un amante de la buena cocina y la buena vida. Se lo consideraba pretencioso y se jactaba de sus éxitos. Sin embargo, yo siempre sentí que me brindaba su apoyo y sus consejos en forma desinteresada. Como si el destino asignara un mentor a su mentee y en esa relación el guía y su aprendiz se encuentran en un espacio teñido de humanidad.

Dr. Michael Shemer, Mister Innovation

Maestros

Desde muy pequeño tuve afán de aprender. Un versículo, que leí por primera vez en hebreo, atrajo mi atención: Eize hu jajam, halomed mi kol adam, “¿Quién es inteligente? Aquél que aprende de todos”. Desde entonces trato de prestar atención a todos aquéllos que me rodean sin distinción de nivel formal de educación o extracción social. Ellos me enseñan hasta hoy como vivir la vida.

Un maestro implica por nuestra parte un mayor compromiso. Cito otro versículo similar al anterior pero un tanto diferente: Mi kol melamdai iskalti, “De todos mis maestros aprendí”. Dejando de lado los docentes que nos tocaron en suerte durante la educación formal nosotros escogemos para nuestro desarrollo personal nuestros maestros. Depositamos en ellos nuestra confianza, los consideramos fuentes de conocimiento, absorbemos ávidamente sus enseñanzas. A diferencia de una relación con nuestros pares donde hay lugar a poner en duda las ideas del otro cuando un maestro enseña nosotros escuchamos y aprendemos. Me resulta fácil dar como ejemplo a Eyal, mi profesor de yoga. Una práctica inadecuada de yoga puede ocasionar daños; hay que confiar en las instrucciones del maestro si queremos llegar lejos marchando por una senda desconocida. Yo conozco la trayectoria de mi maestro, sé que el yoga se ha convertido en parte integral de su vida y por lo tanto puede confiar en él casi ciegamente. Tengo la suerte de haber encontrado en mi vida buenos maestros.

Gurús

En la acepción moderna del término el gurú es aquel que nos presenta una interpretación sui generis de la realidad. Podemos creer o no en sus quilates, pero su total entrega al estudio. la enseñanza y la divulgación de esa concepción lo transforma en un guía espiritual venerado por sus adeptos.

En el ashram de Sivananda en el sur de India pude ver como se reverencia a los dos gurús que inspiraron el movimiento, Swami Sivananda y Swami Vishnudevananda. Durante los satsangs de la mañana y la noche se leen los escritos de los gurús y los presentes se postran ante sus imágenes. Eso fue demasiado para mí, sentí que su memoria merece mi respeto, pero carezco de tal nivel de devoción.

Mi encuentro personal con un gurú se remonta a mucho tiempo atrás, cuando viajé de visita a Argentina después de una ausencia de veinte años. Tenía menos de una semana para visitar a familiares y amigos. Conocí por casualidad a una discípula del Prof. Tomás Zeberio, el creador de la Antropología Energética. Sentí grandes deseos de conocerlo y Silvia, entonces una desconocida que es ahora una amiga, concertó un encuentro con el profesor para el día siguiente. Viajamos toda la noche de Buenos Aires a Córdoba y a media mañana llegamos a su casa en Villa General Belgrano.

El profesor Zeberio era un hombre imponente, alto y fornido, que más bien parecía un boxeador. A pesar de su ochenta y cuatro años desbordaba entusiasmo y energía. Me mostró su jardín donde había descubierto 12 formaciones rocosas que trataban los doce órganos según la medicina china y me contó de sus investigaciones a las que había dedicado casi toda su vida. Tomás Zeberio era un clarividente y esa capacidad le provocó algunos problemas en su niñez. Dos veces fue exorcizado sin mayor éxito. Finalmente decidió utilizar su percepción extrasensorial para dilucidar los enigmas que le intrigaban: ¿Para qué nace el ser humano? ¿Cuál es el propósito de la vida misma? ¿Por qué existen desniveles de energía dentro de la raza humana? ¿Por qué se dan las diferencias energéticas dentro del reino animal? Y muchos otros enigmas que atañen a la relación de los seres vivientes con el Universo.

Antes de despedirnos me asignó una tarea personal. En un viaje astral el profesor había descubierto en un museo en la parte árabe de Jerusalén, una estatua que representaba a Atman, el alma, el primer principio, el yo verdadero de acuerdo a la escuela vedanta de hinduismo. Yo debía encontrar la imagen y meditar frente a ella. No logré completar mi misión. Cuando llegué al museo me enteré de que tal estatua existía, pero se encontraba almacenada en los depósitos del Museo Nacional al cual tenía vedado el acceso. Pienso que solo un gurú puede imponer su presencia en tan poco tiempo e involucrarnos como un torbellino en una empresa inusual.

El profesor Zeberio estudiando el magnetismo que existe en la zona del Mar Muerto

El profesor Tomás Zeberio ya no está entre nosotros, pero sus discípulos continúan difundiendo sus enseñanzas; su influencia trascendió los límites de su existencia.

Finalizo con la foto que encabeza el post: mi maestro de yoga Eyal Shifroni con su gurú, B.K.S. Iyengar. Durante años Eyal viajó a Pune para recibir las enseñanzas de Guruji. Así describe sus impresiones del maestro:

“Iyengar tenía una personalidad fuerte y una gran presencia. Su centro en Pune, está abierto todos los días para la práctica personal y durante estas horas, el propio Iyengar también practicaba en la sala. Observar la profundidad de su práctica fue una experiencia poderosa para mí que influyó en mi propia práctica.

Cuando él entraba a la sala se hacía sentir de inmediato. Recorría entre los presentes una especie de murmullo de alerta y energía que afectaba la percepción y la actividad de los practicantes. Pero cuando Guruji estaba inmerso en un asana, y él solía permanecer durante largos períodos en cada postura, 20 a 30 minutos e incluso más, estaba como recogido en sí mismo y su energía no irradiaba hacia afuera. Era posible pasar junto a él sin darse cuenta de que estaba allí. Hasta tal punto estaba ensimismado y embebido en la postura. Creo que entraba en Samadhi, aunque nunca lo afirmó”. 

Probablemente depende de nosotros qué guías encontraremos por el camino; cuando el alumno está preparado aparece el maestro.

Publicado por elibudman

Ingeniero de alimentos y novelista. Nací en Argentina, vivo en Israel. Soy director de innovación tecnológica en una compañía de alimentos. Me gradué en Medicina Tradicional China. Traduje al español dos libros de yoga de Eyal Shifroni: "Una silla para yoga" y el primer volumen de "Props para yoga". A principios de mayo publicaré una novela de ficción en Amazon "Sentirse en casa- una odisea inevitable".

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