Literatura de desarrollo personal- ¿Manuales de autoayuda o novelas de ficción?

Cuando se trata de libros de desarrollo personal enfocados a lo espiritual varios clásicos me vienen a la mente: El poder del ahora por Eckhart Tolle, El hombre en busca de sentido por Víktor Frankl,  El monje que vendió su Ferrari por Robin Sharma, El arte de la felicidad de Tenzin Gyatso, el dalái lama, La rueda de la vida por Elisabeth Kübler-Ross. Son libros inspiradores que pueden ayudar a cambiar nuestro enfoque de la vida.

Por otro lado, las novelas de ficción nos ofrecen una historia donde los personajes se desplazan alrededor de un conflicto sin pretender aleccionarnos. Nos conmueven, nos ponen en vilo, nos intrigan. En el trayecto, en forma natural, los protagonistas deben evolucionar si quieren resolver el enigma. Crecer o morir. A pesar de tratarse de personajes imaginarios nos resulta fácil identificarnos con ellos y muchas veces queremos emularlos.

El hobbit, un ser ficticio antropomorfo, abandona la comodidad de su hogar para emprender una odisea con el fín de recuperar un reino y un tesoro. Una criatura corriente logra derrotar a poderosas fuerzas del mal. El libro exhibe una galería de personajes fantásticos, balrogs, orcos, dragones alados, trolls, tragos y huargos. El hobbit de la mano de Tolkien se ve obligado a desplegar todo su potencial ante el peligro y a mí me inspira a crecer.

Bastián, el protagonista de La historia sin fin, se sumerge en la fantasía para volver a la realidad como una persona mejor. La idea original de Ende era sencilla, “Un niño toma un libro, se encuentra literalmente dentro de la historia y tiene problemas para salir”. Más tarde explicaría su intención en una entrevista para El País: Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. (…) Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado.

En forma paradójica la incursión en lo imaginario y lo fantástico puede ayudarnos a recibir una nueva perspectiva de la realidad.

No todas las novelas de ficción contienen este elemento de cambio, desarrollo y transformación. Sherlock Holmes es un personaje bien definido que no evoluciona demasiado a largo de cuatro novelas y cincuenta y seis relatos. Un detective ingenioso y excéntrico, que utiliza un peculiar método deductivo para desentrañar crímenes con la ayuda de su amigo, Dr. Watson.

Tampoco Hércules Poirot, el detective belga de Agatha Christie, peca de innovador. Estudia la naturaleza humana, se interesa por pequeños detalles, desprecia la metodología más moderna. Con el correr de los años la escritora llegó a detestarlo por “ampuloso, pesado y egocéntrico” y reprimió su deseo de matarlo por presión de sus lectores.

No sé porqué en literatura de ficción la categoría de desarrollo personal no existe. El género más cercano es el de novelas de formación (bildungsgroman), pero solo relatan la evolución de adolescentes a la adultez.

Creo que debería existir. Saber que una novela destaca el crecimiento de sus personajes me ayudará probablemente a escogerla.

La foto es cortesía de Shan Li Fang on Unsplash

Publicado por elibudman

Ingeniero de alimentos y novelista. Nací en Argentina, vivo en Israel. Soy director de innovación tecnológica en una compañía de alimentos. Me gradué en Medicina Tradicional China. Traduje al español dos libros de yoga de Eyal Shifroni: "Una silla para yoga" y el primer volumen de "Props para yoga". A principios de mayo publicaré una novela de ficción en Amazon "Sentirse en casa- una odisea inevitable".

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